¿Cómo es de importante el lenguaje?

La importancia del lenguaje es innegable. Este es la base de la comunicación del ser humano, nos permite expresarnos y comprender a los otros; y, dependiendo de cómo lo utilizamos, construiremos e interpretaremos el mundo de manera diferente.

Cómo hablamos a las personas con quienes interactuamos durante el día a día y sobre todo como nos hablamos a nosotros mismos. ¿Os habéis parado a pensar nunca?

La manera de comunicarnos, nos define como personas y construye nuestra identidad, marca la diferencia en la manera que percibimos el mundo y, por tanto, nos influye en nuestra manera de actuar, de sentirnos, de relacionarnos, y sobre todo de cómo afrontamos las circunstancias de la vida.

Hay personas que con frecuencia tienen un lenguaje negativo, siempre tienen una actitud de desaliento y las cosas siempre les salen mal. Realmente creen que no tienen suerte en la vida y son desafortunados.

En cambio, hay otras personas que generalmente sonríen, muestran una actitud alegre y positiva aunque no siempre todo lo que les pasa es bueno, pero tienen un ánimo positivo. Se muestran agradecidos con lo que tienen y buscan la manera de estar bien.

Teniendo en cuenta que nos estamos imaginando a dos tipos de personas que viven situaciones de vida similares, ¿creéis que la diferencia entre unos y otros tiene que ver con el factor suerte o con factores externos?

Cada cual crea su versión de la realidad a partir de su experiencia y perspectiva personal, por lo tanto, podríamos decir que en muchos casos la diferencia la marca la actitud. El lenguaje y el uso que hacemos tiene mucho que ver en la visión que tenemos de la realidad y, sobre todo, en cómo lo afrontamos y gestionamos.

Sabiendo que el lenguaje construye nuestra realidad, usémoslo para que nos ayude a mejorar, a transformar nuestros pensamientos y deje de ser un obstáculo que nosotros mismos nos ponemos para avanzar.

Por eso hay que trabajar nuestra atención consciente, poner atención en nuestros pensamientos y preocupaciones y el relato interno o externo que hacemos de estos, porque son nuestra interpretación de la realidad, pero no la realidad en sí. A veces nos hace falta poner perspectiva a las cosas, buscar otras visiones y distanciarnos un poco emocionalmente, para poderlo afrontar con más claridad mental.

Hacer el cambio no es un trabajo fácil, es todo un proceso que requiere poner conciencia, constancia y esfuerzo. Y una rutina en la cual trabajar diariamente.

En casos donde la situación puede requerir ayuda externa, la terapia narrativa nos puede ayudar a hacerlo.
Fue creada en los años 70 por David Epston y Michael White, que la emplearon para ayudar sus pacientes a entenderse mejor a sí mismos.

Es el arte de curar o sanar a través de la palabra. Este enfoque utiliza la narración con el objetivo de reescribir la historia de vida de las personas, basándose en las interpretaciones que ellas hacen.
La base es la externalización del problema, que consiste en la separación/diferenciación del problema de la identidad de la persona. El problema es el problema y la persona es la persona.

De esta diferencia nace una gran oportunidad: la de valorar nuestros recursos. Todas las personas tenemos habilidades, creencias y valores para reducir la influencia de nuestros problemas y analizar el problema desde otra perspectiva.

Nos ayuda a poder encontrar una historia alternativa, una deconstrucción de la narrativa dominante, a favor de otra de renovada y diferente. Nos da la oportunidad de construir una nueva historia e identidad, desarrollada desde una percepción respetuosa y no culpable.

La próxima vez que nos ocupe una preocupación, pongamos atención en qué relato hagamos de esta y buscamos alternativas.

  • Ponemos conciencia
  • Elaboramos un discurso diferente
  • Separamos problema de persona
  • Pongamos preceptiva
  • Buscamos las capacidades que tenemos para afrontarlo
  • Reescribimos nuestra propia historia

Cambiar la narrativa que construimos alrededor de un acontecimiento nos permitirá asumir la realidad desde una perspectiva más positiva, regular nuestro comportamiento y nuestras emociones y buscar soluciones que nos aporten mayor bienestar.

Un artículo de:

Lidia Borrell

Educadora social, terapeuta familiar y técnica del Programa Komtü.