Tenemos hijos, los queremos y educamos.
Educar requiere buscar un equilibrio entre muchos aspectos… la libertad y poner límites, tener cura y hacer que sean autónomos, responsabilizarles y dejarles ser niños disfrutando, etc. Y este equilibrio es clave. Tanto madre como padre lo mantienen, cada uno a su manera dando más relevancia a aquellos valores y habilidades que creen más importantes.
Niños y niñas con iniciativa
De los diferentes aspectos en que tenemos que incidir en la educación, hoy os proponemos hablar de potenciar la iniciativa en los niños y niñas. Ayudarles a tener iniciativa requiere estar muy presentes.
La iniciativa está relacionada con diferentes aspectos: la motivación, la curiosidad, la estimulación que ha recibido un niño, la imaginación….
La palabra Iniciativa viene del latín “initium”, principio. Es el ímpetu o el primer paso hacia una acción. La iniciativa en términos generales también se refiere a la capacidad de una persona para actuar por sí misma, para tomar decisiones, para ser emprendedora.
Por qué es importante desarrollar la iniciativa?
Un niño con iniciativa es un niño que juega, que crea, que imagina, que propone, que motiva a los otros, que disfruta, que aprende haciendo, que aprende construyendo, que explora.
Desarrollar la iniciativa tiene dos ventajas importantes:
La primera es que disfruta de aquello que hace, ya que está conectado con sus intereses, con aquello que le gusta hacer, y lo explota tanto como puede.
Es de las primeras cosas que queremos que experimente un niño, disfrutar por el hecho mismo de ser feliz. Pero además una cosa lleva a la otra y si lo pasa bien haciendo algo lo querrá repetir.
La segunda es que desarrolla una serie de habilidades y potencialidades que le serán muy útiles en su vida de estudiante, profesional y en su interacción social en general.
El proceso de aprendizaje que hace un niño desarrollando sus intereses hace que por consiguiente mejore su autoestima, puesto que se sienten seguros, creen en sus capacidades, muestran confianza en los otros y colaboran en el trabajo en equipo, adquieren más facilidad para adaptarse a los cambios, actúan proactivamente, son ingeniosos…
Como potenciar la iniciativa
Nuestras tareas son dos: estimularles, dándoles a conocer todo lo que podamos, poner a su alcance actividades diversas y muy diferentes para que él o ella puedan experimentar y estar receptivos a aquellas que le desvelen más interés.
Según lo que le ponemos delante, haremos despertar su curiosidad, facilitaremos que quiera investigar, que quiera moverse, que se marque retos. Los intereses de un niño pueden ir en diferentes direcciones: intereses intelectuales, deportivos, creativos, lúdicos. Él no los diferencia, pero vaya donde vaya, esta diversidad de intereses hará que el niño, sin darse cuenta, vaya logrando retos y que un reto le lleve a otro.
La riqueza de estímulos lo ayudará a poder escoger: “si conozco muchas cosas, tengo más posibilidades de encontrar aquella que realmente me gusta, me interesa o me apasiona”.
“Pero tenemos muchos ejemplos”: El niño o adolescente que está en casa y ve la ropa para extender y se levanta a hacerlo, o el niño que se espera que le pidan, o el niño que siente que acaba la lavadora y se va a solas a sacar la ropa para extenderla, son diferentes niveles de iniciativa (a pesar de que un ejemplo relacionado con las tareas es muy osado, y no siempre tenemos éxito).
El niño que en la escuela cuando trabaja un tema concreto que le interesa llega a casa y explica lo que ha trabajado, busca información, lee, busca una exposición o cine relacionado con el tema, comparte con la familia o amigos, genera.
El niño que en la montaña, coge palos, piedras, salta, observa pájaros, plantas, explora, construye una cabaña, mira con unos prismáticos.
El niño que crea, el niño artista, con colores, con pintura, con construcciones, con materiales diversos, construyendo su obra.
Un niño que en un trabajo en equipo colabora al organizar las tareas.
Un niño que jugando es capaz de imaginar, de crear una aventura, un juego, una combinación artística.
Para dar a conocer este universo de estímulos, tenemos al alcance museos, natura, deporte, teatro y cine, exposiciones, pero también tenemos nuestra casa, nuestro pueblo o barrio, el entorno más próximo. En casa podemos ofrecer diferentes tipos de juego (el juego simbólico, juegos de moverse, juegos de pensar). Podemos crear ofreciendo materiales diferentes, podemos hacer experimentos con enseres de la cocina, podemos tocar instrumentos musicales, podemos bailar, podemos debatir, construir un robot, hacer un mural, leer, hacer un disfraz, hacer una maqueta. Podemos salir al parque y movernos y compartir con los amigos, podemos aprovechar los entornos naturales más próximos para observarlos, conocerlos, jugar o hacer deporte.
La cantidad de estímulos es tan grande y diversa como imaginación tengamos los adultos referentes de estos niños. A los niños los gustará compartir nuestras aficiones también y quizás algunas acabarán siendo las suyas.
La acción lleva a la acción.
El efecto contrario, la no estimulación, lleva a la apatía. En el momento actual hemos debatido y debatiremos todavía sobre el uso de las tecnologías, es un aspecto que está bastante relacionado con el desarrollo de la capacidad de tener iniciativa en el niño. Hay muchas maneras de utilizarlas y un niño con intereses diversos y un buen acompañamiento puede hacer un buen uso. El empleo únicamente lúdico sin acompañamiento de hábitos horarios y contenido, llevado al extremo, nos puede llevar a la apatía, lo contrario del que perseguimos, por este efecto adictivo que tienen las pantallas. El niño ve y vive que hacen los otros a través de la pantalla, pero pocas veces los motiva a la acción, vive las aventuras de los otros, pero no crea la suya.
Este paso que la pantalla no nos da es la motivación que los adultos tenemos que encender en los niños y adolescentes. También es cierto que internet nos ofrece una gran cantidad de recursos para que los adultos podamos coger ideas para ofrecer después un abanico muy diverso de actividades a nuestros niños.
Cualquier pequeño juguete puede ser arte, puede ser una aventura, puede ser diversión.
Un artículo de:
Mireia Planells
Terapeuta familiar, educadora social y técnica del Programa Komtü.